3 de noviembre de 2018

Zwanze Day 2018 Masia Agullons - Sant Joan de Mediona


Un año más la Brasserie Cantillon nos invitaba a todos los amantes de las cervezas Lambic a la celebración del Zwanze Day durante el último sábado del mes de septiembre. 72 emplazamientos seleccionados alrededor del globo para convertirse en sede de la brasserie belga durante un día y solo uno en toda la Península Ibérica: La Masia Agullons en Sant Joan de Mediona. ¿Nos lo íbamos a perder? Por supuesto que no. Para allá que nos fuimos al que fuera nuestro tercer Zwanze consecutivo. La cerveza especial de este año -la Manneken Pise- es el resultado de la mezcla de tres Lambics maduradas por separado en barriles de vino italiano Amarone, Chianti y Sangiovese. Como siempre se pinchó de manera simultánea en todo el planeta a las 21:00 hora de Bruselas.

Como somos unos asiduos al Zwanze, y ya lo hemos vivido tanto por la mañana como por la noche, decidimos acudir por la tarde, para quedarnos a cenar, probar la cerveza especial de este año y volver temprano a casa en condiciones óptimas para coger el coche.

Llegamos allí a las 18:00 en punto y antes de poner un pie en el suelo ya nos encontramos con cambios respecto a ediciones anteriores. El primero fue encontrarnos con una valla de obra que nos impedía continuar con el coche por el camino hasta la explanada donde solíamos aparcar en ediciones anteriores, así que lo dejamos aparcado en medio de un campo segado con el resto de coches que había por allí. Al bajarnos pudimos ver a -no uno ni dos, bastantes más- asistentes bajando con varias cajas de botellas y cargándolas en los maleteros de sus coches. Nosotros nos compramos dos botellas para compartir. No me paso el día bebiendo Lambics la verdad. Me dio la impresión de que hay gente que bebe Cantillon como el vino a diario. Prefiero pensar que esas cajas no iban a servir para especular y sacarse una buena pasta a costa de la generosidad de Carlos, Montse y la familia Van Roy, me daría muchísima pena. La botella de 75cl de Iris, que a mí aquí me costó 11€ en una edición anterior la vi el fin de semana pasado a 35€. Con esto no quiero decir que ese establecimiento en concreto se la haya comprado a Carlos directamente, más que nada escribo esto para que quede patente el sobrecoste que sufren estas botellas en el mercado ordinario.

Antes de cruzar la puerta de la masía pudimos apreciar que habían colocado mesas y sillas en el exterior de ésta, y ya se notaba una afluencia de gente mayor que en anteriores ediciones. Al entrar dentro se confirmó este hecho, prácticamente no había sitio donde sentarse. Este año se había colocado la venta de fichas en la entrada de la masía, luego descubrimos el porqué. Como novedad de esta edición vendían una copa por dos fichas -cada ficha costaba un euro- con el logo de Agullons y de Cantillon, muy chula. Esto ya nos daba a entender que este año se preveía una afluencia mucho mayor que en ediciones anteriores, donde una vez te acababas la cerveza la dejabas en la barra y la organización se encargaba de meterla en el lavavajillas. Como punto positivo la copa te la podías llevar a casa, ya que la habías pagado. La verdad es que personalmente me dio bastante bajón ver a tanta gente allí, el Zwanze es uno de mis eventos cerveceros preferidos precisamente por la tranquilidad con la que se pueden disfrutar las cervezas, pero en fin, igual que yo, todo el mundo tiene el mismo derecho a disfrutar de estas cervezas.

Otra de las novedades fue que habían colocado una barra en el patio de la masía, para pinchar los barriles de Cantillon, dejando la barra del interior de la casa para pinchar solo los barriles de Agullons. Esto estuvo bien pensado, ya que si se hubiese hecho como en años anteriores aquello se hubiese colapsado y hubiese sido muy difícil entrar y salir de la masía para pedir las cervezas o comprar comida. Por contra, restaba espacio para colocar más sillas y mesas. No sin ansia fuimos a pedir nuestra dosis anual de Fou' Foune y de Rosé de Gambrinus. La primera en la frente. Hace rato que se habían agotado. WTF! Ahí ya sí que me vine abajo. Llevaba todo el año esperando para chutarme mi amada Fou' Foune y sus deliciosos albaricoques en vena. ¡Menuda putada! En fin, el mismo derecho tenían a disfrutarla los que vinieron por la mañana que yo, así que para el Zwanze 2019 ya tengo la lección aprendida. Los barriles de Cantillon que quedaban eran de Nath, Kriek, Iris y la clásica Gueuze. Todo el restó voló, y eso que eran las 18:00 de la tarde.

Resignados nos pedimos una Nath con ruibarbo y estuvimos charlando con Carlos, al que le compramos una botella de Gueuze y otra de su Barrica Blend 3. Cuando fuimos a guardar las botellas al coche vimos en lontananza una horda que avanzaba a paso ligero entre los campos. Parecía la invasión de los hunos. Se trataba de un numeroso grupo de beergeeks que había venido desde Barcelona en autocar en un viaje organizado por una cervecera de la ciudad. Al instante se formó una cola impresionante a la entrada de la masía. Si ya se notaba la alta afluencia de gente, con las 56 personas del autocar aquello se puso a petar. Muchísima gente y la música del disc jockey muy alta. A mí personalmente me costaba hablar con la persona que tenía a mi lado. Esto me hizo sentir incómodo, unido a mi mono de Fou' Foune y Rosé de Gambrinus, durante un buen rato estuve de bajón total. Éste no era el Zwanze soñado que llevaba esperando durante todo el año.

Al rato la cosa se animó con la música en directo. Había un grupo (Revolta Kònica) que amenizó la velada con versiones en acústico de Barricada, La Polla Records, Soziedad Alkoholika y punkadas del estilo. Ahí -sumado al efecto de las Lambic- ya se me empezó a animar el espíritu. Empezamos a ver caras conocidas del mundillo birruno -algunas reincidentes en el evento- y el ambiente estuvo bastante animado. Se acercaban las 21:00 y llegaba la hora de tener algo en el estómago antes de que pinchasen la Manneken Pise, así que nos fuimos a ver a Montse.


Este año para llenar la panza había pinchitos, las clásicas albóndigas de caballo de la casa, fideos con verduras y setas salteadas, callos, jamón y para el público vegano habían tenido el detalle de preparar seitán y tofu con verduras. También vi entre la multitud varios platos con un surtidito de quesos bastante apetecible que sinceramente no tengo ni idea de donde los sacaron. De postre nos pedimos el pastel de chocolate con peras que hace Montse -que es una brutalidad- y también un trozo de pastel de queso muy rico.

Se hizo de noche y sobre las 20:45 ya empezamos a colocarnos cerca de la barra para estar allí de los primeros a la hora señalada. La cola que se formó a los pocos minutos fue colosal. A las 21:00 se pinchó puntualmente el barril de Manneken Pise. Estaba brutal. En este caso valió la pena el habernos quedado sin Fou' Foune, porque se nos compensó por otro lado, la cerveza estaba deliciosa. Desconozco si finalmente todo el mundo pudo probar al menos una copita, realmente la cola daba miedo. Musiquita, muy buen ambiente y la verdad es que finalmente me lo pasé bastante bien pese a que las multitudes cada vez son menos de mi agrado. Me vuelvo mayor, qué queréis que os diga. Como dentro ya era imposible sentarse nos pedimos la última -en esta ocasión de Agullons- y nos salimos fuera para tomar el fresco y airearnos un poco antes de volver a casa.

A nuestro regreso quedé con un sentimiento agridulce. Por un lado me alegré del éxito del evento y de que cada vez haya más fans y aceptación de la cerveza Lambic. Por otro lado me quedé con la impresión de que este año ha sido un punto de inflexión y que tal vez en un futuro el evento acabe muriendo de éxito. Si de cara al Zwanze 2019 en vez de un autocar se fletan dos, no quiero ni imaginarme cómo puede acabar aquello. Quizás sería el momento de plantearse buscar una sede en Barcelona para el Zwanze y descongestionar Mediona. La verdad es que finalmente pude disfrutar de la jornada y prefiero quedarme con lo positivo que nos dio la tarde, pero de cara a años venideros yo me planteo ir por la mañana a primera hora ¡tendréis que esperar al año que viene para leer la correspondiente reseña! Antes de acabar me gustaría darle las gracias a Carlos y Montse por abrirnos las puertas de su casa una vez más y también a todo el equipo de la Masía Agullons por haber contribuido a que esto haya sido posible. ¡Un fuerte abrazo a todos!

Balance de daños:

-Cantillon - Nath. La Lambic de la casa elaborada con ruibarbo. Cuerazo, establo y muy, muy seca al final. Ojos como El Fary pero lagrimones de placer.5,0%.

-Cantillon Kriek. Viene siendo un clasicazo del Zwanze medionil. Con su bonito color rojizo y su acidez característica. Las cerezas me siguen costando encontrarlas, pero haberlas haylas. No tardó en agotarse. 5,0%.

-Cantillon - Manneken Pise. Sortosamente estaba espectacular y valió la pena el viaje. De entrada, muy parecida a la Gueuze convencional, pero a medida que se iba calentando afloraban los sabores de los vinos italianos y las notas afrutadas. De soltar la lagrimita.

-Agullons - Dalmoru. Antes de irnos nos picó la curiosidad y quisimos probar algo de los anfitriones. Se trata de una cerveza de trigo bastante especial. Muy turbia, con el saborazo del trigo y un sabor peculiar. 4,5%.

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