Solo hay una cosa que supere a que una amiga te traiga una Dogfish Head Palo Santo Marron desde Nueva York, y eso es ¡que también te traiga una 90 minute Imperial IPA! os juro que casi me pongo llorar. Gracias Lydia, eres un amor.
Me acuerdo de una noche en Piozzo, volviendo de la bodega de Teo Musso, hablándole de lo que me gustaban las IPAs americanas, de la Rogue, la Sierra Nevada y un largo etcétera, y el hombre me miraba así un poco raro y me dijo: "¿Pero tú has probado la Dogfish head?, hazme caso, prueba la Dogfish Head". Y el nombre de Dogfish Head se me quedó grabado en la mente y durante estos dos últimos años he fantaseado con la idea de ir a la gran manzana, visitar el Eataly y tomarme una Dogfish Head en su terraza con vistas al "edificio flecha". Bueno, para lo del Eataly NYC todavía falta ahorrar bastante, pero la Dogfish Head ya ha llegado por fin. ¡Y cuanta razón tenía Teo Musso! este hombre es muy sabio.
Bien, vamos al lío. Cuando uno ve una etiqueta que pone Imperial IPA lo primero que le viene a la mente es "Esta birra necesita su momentazo", no son birras para llevárselas a la playa en el bolso nevera a no ser que quieras que tus hijos vean como su padre está a punto de ahogarse ante la atónita mirada de vergüenza ajena de tus suegros. No lo hagáis. No es necesario. Hay que buscar ese momentazo sofá con luz tenue y como diría mi amigo Bob, con Jazz suave.
Aún así, la Imperial IPA de la Dogfish Head es una cosa absolutamente sorprendente, porque uno se espera una bomba de lúpulo ultra estridente, con más alcohol que el aliento de Liza Minelli y lo que se encuentra es un cervezón muy suave y ultra equilibrado. Sam Calagione, este tío es MUY bueno.
De entrada uno se encuentra con una cerveza de aspecto imponente, de color bronce con una generosa y cremosísima corona de espuma, al olfato nos llega una bocanada de aroma a lúpulo fresquísimo que alimenta. En boca me ha sorprendido bastante porque lo primero que he notado ha sido el tueste de la malta y matices de torrefacto y café, que más tarde han desaparecido para dejar pasar un sabroso y fresco lúpulo, muy muy muy bien equilibrado, sin estridencias, suave pero con presencia. Genial. De alcohol ni rastro, y estamos hablando de una cerveza de 9,0%.
Esta cerveza es una lección de que para hacer una Imperial IPA no es necesario hacer una bomba de lúpulo y alcohol, se pueden hacer de manera más elegante y refinada, sin estridencias. No hace falta decir que está elaborada con un dry hopping de 90 minutos. A mí me ha parecido extraordinaria.




















