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19 de noviembre de 2018

Ponent - Starlight

Durante nuestro breve periplo por la Val d'Aran estuve buscando cervezas locales. Mi única referencia (a parte del Refu) era la cervecera Immortèla, con sede en Casarihl. La busqué en todas las tiendas y restaurantes que visitamos sin éxito. 

No obstante pudimos comprobar la buena forma birruna del valle, sin tener que recurrir en ningún momento a la cerveza industrial. Por ejemplo, en un bar de pintxos me pude tomar la Imperial Stout de Samuel Smith o en una pizzería normal y corriente pude disfrutar de la Ponent de la que escribimos hoy.

De los de Seró la verdad es que no tuve buen comienzo con ellos (es lo que tiene colocar tu producto en grandes superficies), su Weizen la verdad es que me llegó muy chusca. En esta ocasión su American Pale Ale estaba en buen estado, y es que la cosa cambia considerablemente cuando tienes el producto refrigerado, como fue el caso.

De color dorado y carbonatación muy abundante, con espuma blanca y de aspecto jabonoso. Muy turbia y con bastante sedimento. Al olfato ya nos indica que la cosa viene  cargadita de verde. En boca es muy potente, con todo el bofetón de lúpulo bien intenso. Sabores muy herbáceos -algunos de ellos refrescantes- y resinosos sin llegar a resultar desagradable. Muy para hopheads, un tanto basta, -la sopita de lúpulo la tienes ahí- pero que sin duda paliará tu mono de lúpulo cuando andas fuera de casa. Final de amargor cargadico (55 IBUs). 5,5%.

9 de abril de 2015

Ponent - De Blat

Prepárense porque Pinhead y los Cenobitas han salido del averno para aparecer en la Tierra. Nada de sangre ni efluvios infernales, no, una cerveza Weizen es lo que nos han traído esta vez.

La sirvo en el vaso (que no es el correcto, el de Weizen me lo cargué fregándolo) y saltan todas las alarmas: fiestaca de la espuma, pero no la típica espuma Hefeweizen densita, suave, cremosa y persistente, nada de eso. Parece Fairy, aspecto jabonoso y regulero, se desvanece rápidamente, pero una cantidad aberrante. Acerco la nariz al vaso y la cosa empeora: nos teletransportamos a Asturias para bailar el xiringüelu, un olor a sidraza que tira para atrás. Nada de trigo, nada de pan, nada de plátano. A la rica sidra.

El color sí es el correcto de una cerveza Weizen, claro, pajizo, un tanto turbio. Temeroso y pensando en que lo peor está aún por llegar procedo al primer sorbo. Afortunadamente la cosa no está tan mal y el sabor a sidra no es tan fuerte como me esperaba. Muy ácida, eso sí, demasiado para mi gusto, cargándose todo el sabor a trigo de la cerveza. Un despropósito. 4,3% de graduación.

Quiero creer que estaba en mal estado, pero en fin, de entrada me he llevado una mala impresión de los de Seró (Lleida). Me la trajo un amigo para hacer el aperitivo y estoy seguro de que le habrá dolido en el alma dejarse los 2,49€ que cuesta en Caprabo. Teniendo en cuenta de que la Franziskaner de 0,50cl cuesta poco más de 1€, pues este tipo de cosas inflaman considerablemente la zona escrotal.