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26 de junio de 2024

Cantillon - Sang Bleu

Hacía un par de años que no nos abríamos una Cantillon y ya iba siendo hora de retomar las buenas prácticas. La verdad es que la demora no se debe a una falta de interés por la brasserie de Anderlecht, pero sí debido a cierto hartazgo con la subida de precios desmesurada respecto a sus productos. Es por eso que solo compro botellas de Cantillon durante el Zwanze Day de Mediona, a unos precios razonables. Como el último Zwanze Day al que asistí fue el de 2021, pues no compraba Cantillon desde entonces.

Y es que en 2022 a Jean Van Roy se le ocurrió la idea de celebrar el Zwanze Day cada dos años, en vez de cada año como se había celebrado hasta entonces. Además, para dar más por culo si cabe, en vez de celebrarse en septiembre como de costumbre, pasaba a celebrarse en el mes de abril, coincidiendo con el cumpleaños de mi señora esposa. No habrá putos sábados en todo el puto año. Afortunadamente, un buen amigo, que sí pudo acudir, compró esta botella de Sang Bleu y quiso compartirla conmigo durante una barbacoa celebrada en su casa.

Se trata de una Fruit Lambic elaborada a partir de una Lambic de dos años, con una maceración de camerises, que aquí he traducido como madreselva azul, cuyas bayas son parecidas a una suerte de arándanos con forma de campanilla.

La sirvo en copa TeKu, y presenta un precioso color rojizo (lamento que no se pueda apreciar en la fotografía) similar al de un vino tinto, con destellos de color rubí. Carbonatación moderada, con una suficiente corona de espuma de color rosa, no muy tupida, y no muy persistente. En nariz es un delirio de frutos del bosque, con un desfile de grosellas y frambuesas realmente espectacular. En boca no es una cerveza demasiado ácida, queda bastante equilibrada con el dulzor de la fruta, resultando muy fina y harmoniosa. Me ha sorprendido que siendo una Cantillon, no tenga muy marcado el ácido acético, que lo hay, pero de una manera muy sutil, en segundo plano, sin resultar nada invasivo y aportando complejidad al conjunto. Puntito de madera rico y el protagonismo absoluto de la fruta, que es un absoluto delirio. Reconozco que nunca he probado este tipo de bayas, pero el sabor me ha recordado mucho al de las grosellas negras, los arándanos y las frambuesas, e incluso con notas de vino tinto afrutado, que son una auténtica locura. De lo mejorcito que he probado de los belgas, que ya es decir. Joyón en formato 75cl. 6,0%.

9 de mayo de 2022

Cantillon - Vin Santo

Y con gran dolor finiquitamos el lote de 5 botellas de Cantillon que nos trajimos del Zwanze Day 2021, la última en caer ha sido la Vin Santo, una Fruit Lambic elaborada en colaboracion con los viñedos italianos Tenuta di Capezzana (Toscana).

Cantillon pone una Lambic de dos años y Tenuta di Capezzana las uvas Trebbiano.

La sirvo en la copa del evento y muestra un color claro, pálido, con tonos que tienden al dorado. Un poco velada. La carbonatación es vivaz, aunque la espuma desaparece en un visto  y no visto. Sí nos queda una buena retención del carbónico, que nos dejará una sensación picosilla en la lengua durante toda la degustación gracias a su fina burbuja.

La acerco a la nariz y nos dispara a bocajarro. Mucho cuerazo, mucha madera, notas avinagradas y de vino añejo. En boca tiene cierta sensación terrosa, y resultando muy seca al final. Áspera, con notas de pera muy notables, mucho cuero, madera y el ácido acético marca de la casa que no falte. Bastante intensita, quizás no sea la Fruit Lambic más fina de Cantillon, pero que vamos, no decepcionará a ningún fan, eso está garantizado. Mejora conforme se atempera. Ojito, 7,0%. Costó 30€. Botella de 75cl. Entre 3 pica menos. Le dedicamos la reseña y el brindis al amigo Embracing Darkness.

28 de marzo de 2022

Cantillon - Racine

Aún nos quedaban un par de botellitas de la compra que hicimos en el Zwanze Day 2021 y, por fin, pudimos quedar los tres inversores para darles matarile durante una segunda (y última) sesión.

La joyita que cayó primero fue Racine, que como diría el amigo turófilo, va directa a favoritos. En esta ocasión Cantillon ha elaborado una Fruit Lambic con uvas italianas de las variedades Chardonnay, Tokai (que no tolai) y Sauvignon Blanc que le proporciona el viñedo Radikon, situado en Gorizia, en la frontera con Eslovenia. La uva ha sido mezclada con una Lambic de 2 años. La cerveza que nos hemos trincado fue embotellada concretamente el 3 de marzo de 2021.

Al turrón. La sirvo en la copa de Cantillon, presentando un color pálido, viene bastante velada. La carbonatación no es nada abundante y nada más servirla desaparece la escasa capa de espuma que se había formado. Acerco la napia para disfrutar del aroma del ácido acético (a mí personalmente me agrada). El primer sorbo es claramente de uva blanca, un sabor dulce, muy sabroso, agradable y nítido. Más tarde el resto de matices van a acabar solapando la fruta, ganando el sabor avinagrado -no excesivo- y unas notables notas de sidra. Bastante fina, con la acidez moderada, notas de madera muy ricas y un pelín terrosita. 7,0% muy bien integrado. La botella de 75cl nos costó 27,00€. Joyaza. Dedicada al cervesiáfilo turófilo del blog de al lado. Por cierto, ya que estamos con el tema quesos, la maridamos con un Chaumes francés y un Idiazábal vasco. a nosotros no pareció un acierto pero espero opinión del citado bloguero por si nos tiene que pegar alguna colleja virtual.

31 de diciembre de 2021

Cantillon - Menu Pineau

Vamos a despedir el año de la mejor manera posible, con una Cantillon que me agencié durante el Zwanze Day de este año. Se trata de la Menu Pineau, que tuve la suerte de probarla allí de tirador, y que he podido repetir en formato botella.

Se trata de un coupage de cervezas Lambic de uno y dos años a las que se le añaden 300g por litro de la variedad de uva Menu Pineu de los viñedos Les Vins Contés, ubicados en el Valle del Loira. Esta botella es de la edición que se embotelló en octubre de 2020.

Pues nada, ¡al turrón! La descorchamos  y servimos en la copa del evento y presenta un color dorado, similar al del mosto de uva, un pelín velada. La carbonatación es muy abundante, de burbuja fina, que nos deja una sensación picante durante toda la degustación. La espuma sube igual de rápido que desciende.

En nariz ya podemos disfrutar de ese aromazo a ácido acético (que a mí personalmente me agrada mucho), esas notas de cuerazo y madera. En boca es la más equilibrada -dentro de lo que cabe- de las tres que probamos aquella tarde (las otras fueron Drogone y Sophia). acidez moderada, un sabor avinagrado en boca que le da ese toque peculiar, la madera, y ese puntito agradable de uva que le aporta un toque refrescante y afrutado muy rico. Una jojoya. 6,5%. Nos costó 27€.

Pues nada, hemos finalizado el año con otro récord personal, este año nada menos que 308 entradas. Siempre digo que el año venidero me lo tomaré con más calma y al final ya veis como acaba la cosa, así que sea lo que Dios quiera. Mis mejores deseos para 2022 para todos los que me leéis y gracias por estar ahí.

15 de diciembre de 2021

Cantillon - Sophia

Hoy toca Cantillon, una de esas joyitas que no suelen verse, pero que he tenido la suerte de poder adquirir durante nuestro último Zwanze Day en la Masía dels Agullons. Estoy hablando de Sophia.

Al igual que con la Drogone que reseñé hará unos días, se trata de una producción especial elaborada en colaboración con los viñedos italianos de Cantina Giardino. La elaboración es cuanto menos curiosa: El viñedo en cuestión aporta sus uvas de la variedad Greco di Tufo, cuya pulpa se macera durante seis meses en ánfora, y posteriormente se mezcla con una Lambic de dos años. Estamos ante una elaboración excepcional que vaya usted a saber si se volverá a realizar algún día, así que me siento cuanto menos muy afortunado.

La sirvo en la copa del Zwanze, presentando un aspecto muy parecido al de la sidra, entre dorado y amarillento, muy velado. La carbonatación es vivaz, pero la espuma poco persistente. La retención del carbónico es buena y siempre vamos a tener una sensación picante y chispeante en la lengua. En nariz podemos disfrutar de una buena dosis de ácido acético, y podemos apreciar también notas de madera y cuerazo. En boca es una cerveza desequilibrada hacia el lado ácido -claramente la más ácida de las tres que nos abrimos aquella tarde- quizás esa maceración en ánfora le haya dado ese puntito extra, pero al fin y al cabo dentro de lo soportable (o eso o yo me estoy acostumbrando demasiado bien a esta mierda). La uva no muy presente, pero algo de sabor queda entre la acidez y el vinagre. Madera, cuerazo, ese toque añejo... un absoluto delirio. Bastante rica y bebestible al mismo tiempo a pesar de la acidez. Nos costó 27€. 6,5%.

2 de diciembre de 2021

Cantillon - Drogone

El pasado fin de por fin pude encontrarme con mis acompañantes del Zwanze Day 2021 y pudimos darle caña a algunas de las botellas de Cantillon que nos compramos entre los tres. En compañía se disfrutan mejor.

La primera en caer fue la Drogone, una Fruit Lambic elaborada con pulpa de uva Aglianico que les proporcionan los viñedos de Cantina Giardino (Italia). Dicha uva se macera durante 3 meses en barrica de castaño, y posteriormente se mezcla con una Lambic de tres años.

Vamos al lío. La sirvo en copa y presenta un color rojizo bastante bonito que le confiere esta variedad de uva. La carbonatación es abundante, aunque la espuma no es nada persistente y desaparece con celeridad. No obstante, la retención del carbónico es buena, dejándonos una sensación picante en la lengua durante toda la cata.

En nariz notamos ya el aroma a ácido acético, así como notas de madera. En boca es una cerveza ácida como cabía esperar, bastante soportable, queda bastante equilibrada con el dulzor de la uva, que también aporta notas afrutadas. Ese sabor avinagrado, junto con la madera y las notas de cuero le dan a la cerveza un rollazo brutal. Muy rica. 6,5%. Comprada a Montse Virgili de Agullons por 29,00€. Teniendo en cuenta que la he visto en internet por más de 200, como que me sabe a ganga.

6 de octubre de 2021

Zwanze Day 2021 Masia Agullons - Sant Joan de Mediona

 

Se acerca el veranillo de San Miguel y. como cada año por estas fechas, Montse y Carlos nos abren las puertas de su casa para recibir el evento cervecero más esperado del año para el que suscribe. Último fin de semana de septiembre y parece que finalmente sí, tras un verano con la incidencia Covid descontroladísima y muy ida de madre, finalmente se va a celebrar el Zwanze Day de este año. Se ha hecho de rogar.

Tras el anuncio de la Brasserie Cantillon este verano confirmando los puntos en España, muy poca información nos iba llegando a los adictos a las cervezas de Jean Van Roy. La semana antes Montse Virgili nos anunciaba vía Instagram que ya se podían hacer las reservas a través de una plataforma online. Alivio general. El formato ha sido el mismo del año pasado: aforo limitado, entrada gratuita, reserva previa por franjas horarias y todo al aire libre con las medidas sanitarias oportunas.

A diferencia de otros años esta edición no se ha realizado en el patio de la Masía dels Agullons. Se acondicionó un espacio detrás de la Masía, al aire libre, bastante amplio, con numerosas mesas y rodeados de pinos que nos dieron muy buena sombrita. Echamos de menos el bombardeo de castañas habitual por estas fechas durante el Zwanze. Delante de la Masía se habilitó la zona para comprar la comida, en el almacén se habilitó la mesa donde se podían comprar los tokens y, posteriormente, las botellas, y en un lateral un escenario bajo techado, donde se estuvo pinchando todo el día música y a última hora se tocó música en directo. Delante de la zona musical estaba la barra, este año con quince grifos, trece de ellos de Cantillon. La cerveza especial de este año se llama Parasol y es una Fruit Lambic fruto de un blending de Lambics maceradas con cidros, kumquats y naranjas de Sevilla. A diferencia de otros años no se pudo acceder dentro del edificio. La distribución del espacio fue perfecta, ya que en todo momento se estuvo muy cómodo. Aunque ha habido más afluencia que otros años, la sensación ha sido de tranquilidad durante toda la jornada, sin agobios, ya que el espacio habilitado para las mesas en el exterior era muy amplio.

Nosotros ya podemos considerarnos unos habituales del evento. Tras haberlo disfrutado en todas las franjas horarias posibles, nuestra experiencia y nuestros gustos nos decantan por el primer turno, el de las 12 del mediodía. Por las medidas sanitarias se establecieron cuatro franjas: La primera de 12:00 a 15:00, la segunda de 15:00 a 18:00, la tercera de 18:00 a 21:00 y la cuarta y última de 21:00 a 0:00. Llegamos pasadas las 12:00, escogimos la mesa donde queríamos pasar el día y ya sin dilación nos fuimos a comprar los tokens. Este año estuvo muy bien que hubiera datáfono. Desconozco si en ediciones anteriores lo había, pero yo hasta la fecha siempre he pagado allí en efectivo. De hecho llegamos un poco tarde porque tuvimos que ir a sacar dinero al cajero. Esto va bien saberlo para futuras ediciones. La copa costaba 3€ y cada token 1€. Las cervezas de Cantillon costaban 4€ y las de Agullons 2€. Las cervezas que se pincharon fueron éstas: Lambic, Gueuze, Rosé de Gambrinus, Magic Lambic, Nath, Cuvée Saint Gilloise, Kriek, Camerise, Vigneronne, Saint Lamvinus, Menu Pineau, Lambic d'Aunis y Parasol. De Agullons se pinchó la Sant Joan en versión cask y -si no recuerdo mal- su Stout. Este año me di con un cantito en los dientes porque no hubo Fou' Foune, ni de grifo ni de botella. 

La conga, de Jalisco, ahí viene, arreando
Íbamos con la esperanza de poder catar la Parasol, ya que el año pasado pudimos beber la cerveza especial del Zwanze 2020, por lo excepcional de la situación. Este año, en cambio, se ha vuelto a respetar la tradición, y hasta las 21:00 (hora en Bruselas) no se pinchó la cerveza especial del Zwanze 2021. Ese es el punto negativo de acudir a la primera franja.

Lo positivo de ir a la primera hora, y que en mi opinión, me sale más a cuenta, es la de poder ser de los primeros en comprar botellas de Cantillon. Este año se habilitó la venta a partir de las 13:00, y las botellas disponibles fueron: Rosé de Gambrinus, Grand Cru Bruocsella, Gueuze, Cuvée Saint Gilloise, Nath, Kriek, Racine, Sophia, Drogone, Iris, Vinsanto y Menu Pineau. Precios bastante razonables teniendo en cuenta las cifras estratosféricas que suelen verse en algunas tiendas. Para evitar la especulación birruna se limitó a un máximo de cuatro botellas por persona, cosa que me pareció genial.

La jornada estuvo amenizada por Dani y Roc del podcast cervecero "2 birres l'hora", que estuvieron pinchando Reggae durante toda la mañana. Ambiente tranquilo y distendido, mañana apacible, tiempo soleado... los ingredientes perfectos para disfrutar de un gran día a base de Lambics. Lástima que no pinchasen la Parasol por la mañana porque apetecía muchísimo con el solecito que hizo.

Pasadas las 2 de la tarde nuestro cuerpo empezó a pedir algo sólido para tener de cojín para apurar las últimas cervezas de la tarde. Este año la oferta gastronómica menguó un poco respecto al año pasado. Sorprendentemente no hubo ninguna food truck, me extrañó porque la del año pasado funcionó perfectamente y los bocadillos estuvieron deliciosos. Este año hubo un puestecito que vendía surtidos de quesos, otro que vendían bocatas de carne mechada con tomate y pimientos y finalmente un tercero que vendía porciones de pizza y pasteles.

El variadito de quesos estaba muy rico. A destacar el ahumado y el Cabrales. A mí personalmente me encanta maridar quesos intensos con cervezas Lambic, y éstos funcionaron muy bien. El bocata también estuvo bastante bueno, muy jugosito y sabroso. No vamos a entrar en cuestiones de maridajes, cumplió perfectamente con su cometido que era llenar la panza y que no se nos subiese mucho el tema. Y por último los pasteles. Tenían bizcocho de arándanos, crumble de manzana y carrot cake con relleno de crema de coco. Yo me pedí este último, que me pareció riquísimo.

Finalmente, pasadas las tres de la tarde, llegó la hora de partir. No vi demasiada afluencia del segundo turno, pero seguramente la cosa seguramente se fue animando hacia última hora de la tarde, conforme se acercaba la hora de pinchar la Parasol, cosa que no pudimos vivir in situ. Como consuelo nos llevamos cinco botellacas que ya iremos reseñando durante los meses venideros y con las que seguramente os pondremos los dientes muy, muy largos. Tan solo nos queda darle las gracias una vez más a Carlos y Montse por la organización del evento y mandarles un fortísimo abrazo. Espero que nos volvamos a ver el año que viene a poder ser sin restricciones. Ah, y también a poder ser sin que coincida con otros eventos cerveceros. Joder, con la de fines de semana que hay durante el año fueron a coincidir todos el mismo del Zwanze. Yo por lo menos tuve clarísimo a cual de ellos iba a ir, algunos colegas no y acabaron en Molins ¡Qué le vamos a hacer! Esperamos que el año que viene esté la cosa más repartida. Pues nada, hasta aquí la crónica de este año, esperamos con ganas poder dar cuenta de la del siguiente. Solo ha pasado poco más de una semana y ya tenemos ganas de Zwanze 2022. ¡Hasta la próxima!

Balance de daños:

-Cantillon - Menu Pineau. Fruit Lambic elaborada con uva Menu Pineau de la región de Países del Loira (Francia). No muy ácida, supongo que queda balanceada por la uva, con el acético suave. Notas de membrillo, pera y sidra. Un tanto terrosa y muy seca. 6,0%.

-Cantillon - Lambic d'Aunis. Fruit Lambic con uva Pineau d'Aunis de la región de Países del Loira (Francia). Rojiza, afrutada, avinada y bastante acidita. Mucho acético en aroma, en sabor quizás más suave. Muy rica. 6,0%.

-Cantillon - Camerise. Fruit Lambic con frutas del bosque de Quebec (Canadá). Destacan los frutos rojos, con cierto dulzor muy agradable y de acidez moderada. Muy rica. 6,0%.

-Cantillon - Magic Lambic. Me enamoró el año pasado, éste ya iba con tres previas y no la he disfrutado igual, pero aún así una de mis Cantillon favoritas. Mucho arándano -quizás más que la del año pasado- con el acético marcado y el fondo avainillado. Una delicia. 5,5%.

-Cantillon - Saint Lamvinus. Y de uvas va la cosa. Ésta es una Fruit Lambic con uva Merlot. Color rojizo subido, en aroma mucho acético, en boca muy avinagrada, intensa, con el saborazo a cuero y el toque de la barrica, y el punto del Merlot que equilibra en cierta medida tanta intensidad. 7,0%. Con ésta ya empecé a notarme un tanto toñao. 7,0%.

-Agullons - Sant Joan. No quería despedirme del Zwanze sin hacer aprecio a las cervezas locales, máxime cuando te las sirven en cask. La verdad es que venía con muy buena carbonatación, cosa que me sorprendió. American Pale Ale monovarietal de lúpulo Cascade. Muy bebestible, con una buena dosis de lúpulo fresco, que nos aporta notas herbáceas muy refrescantes. Muy rica. Si la encuentro en botella la veréis por aquí reseñada. 5,0%.

16 de febrero de 2021

Cantillon - Grand Cru Bruocsella

Y teníamos aún esta botellita de Cantillon en la despensilla desde que la compramos el pasado mes de septiembre durante el Zwanze Day 2020. Con las medidas restrictivas hemos tenido que esperar hasta poder abrirla.

Se trata de la Grand Cru Bruocsella, una Lambic 3 años sin fermentación secundaria, lo que nos la va a dejar prácticamente sin carbonatación. Viene con sello Bio.

La servimos en la copa de la casa, presentando un color dorado parecido al del mosto de uva rubia. Efectivamente sin gas, aparecen cuatro burbujazas gordas, insuficientes para crear capa alguna de espuma.

En nariz predomina el ácido acético. Si os gustan los vinagres ésta es la vuestra. También podemos encontrar notas evidentes de madera. En boca es una cerveza avinagrada, con notas de vino añejo, la madera muy marcada y un punto de cuerazo. No me ha resultado excesivamente ácida, pero sí de las más avinagradas de Cantillon. El final es bastante seco, cosa que me agrada (25 IBU). 5,0%. Comprada a Montse Virgili en la Masia Agullons por 17€. Botella de 75cl.

31 de diciembre de 2020

Cantillon - Brabantiæ

Bien, y llegados a este punto toca despedir el año. Año que ha sido muy duro y extraño para todos. Quiero hacerlo con una cervecera que para mí ha marcado mi año birruno, ya que pude visitar sus instalaciones a principios del mes de marzo, y posteriormente, en el mes de septiembre, he podido volver a disfrutar de sus cervezas durante el Zwanze Day que organizaron Carlos Rodríguez y Montse Virgili en la Masia Agullons. Así que vamos a despedir el 2020 con la Brabantiæ de la célebre Brasserie Cantillon.

La cerveza de hoy es una Gueuze resultado de un blend de cervezas Lambic de tres años envejecidas en barriles de Oporto. Se realizó por primera vez en 1991 en honor del rey Balduino de Bélgica. La versión original se envejecía en barriles de vino español. Fue una cerveza especial que no se ha vuelto a elaborar hasta 2016. Por tanto es una cerveza que hay que aprovechar para catarla cuando se tenga ocasión no vaya a ser que vuelva a desaparecer durante otros 25 años. La que catamos hoy es la versión embotellada en febrero de 2019.

La he servido en la copa del Zwanze Day, presenta un color dorado, sin turbidez y con carbonatación moderada, espuma efímera y de color blanco, buena retención del carbónico, burbuja fina y efervescente y sensación picante en la lengua durante toda la degustación.

En nariz podemos disfrutar de un evidente aroma a madera. El acético también asoma. En boca es una cerveza suave de acidez para lo que es una Cantillon. Suave también de acético, es avinagrada pero no en demasía, sensación terrosa en boca, mucha barrica, el puntito añejo característico, cuerazo, ese saborcillo que algunos dicen que es de establo (yo de momento sigo sin lamer establos, máxime con la pandemia cualquiera se pone a lamer según qué cosas por ahí) y cierta sequedad final. Muy rica. 6,0%. Se la compramos a Montse Virgili de Agullons por 30€. Aquí en España la venden por unos 60, y si tenéis la suerte de visitar la fábrica la podéis comprar por 22, en el caso de que la tengan disponible.

Me despido hasta el año que viene. Espero que no tengáis ningún percance mientras os coméis las uvas y os deseo a todas y a todos un magnífico 2021, que con toda probabilidad, será mucho mejor que éste. Un fuerte abrazo a mis fieles.

3 de noviembre de 2020

Cantillon - Mamouche

Traemos de vuelta a la célebre Brasserie Cantillon, dosificando el material que adquirimos durante el Zwanze Day de este año.

Hoy tenemos aquí a Mamouche -como llamaban cariñosamente los Van Roy a su abuela-que ya la habíamos podido disfrutar de tirador en la edición del Zwanze Day de 2016 y pensé que sería buena idea traerla al blog y poder catarla de nuevo en formato botella.

Se trata de una Lambic de 2 años a la que han añadido flor de saúco. La servimos en la copa del Zwanze Day de este año. Presenta un color dorado un tanto velado. La carbonatación no es especialmente abundante, pero nos deja una fina capa de espuma blanca que no tarda en desaparecer. Burbuja fina y sensación picante en la lengua durante toda la degustación.

El aroma que desprende es floral, aunque el ácido acético también está muy presente. En boca es moderadamente ácida, no es de las Cantillon más ácidas, con el sabor avinagrado muy marcado y el punto raruno del saúco. Digo lo de raruno porque yo me esperaba más un sabor a los caramelos Ricola de saúco, o por poner un ejemplo cervecero tengo muy buen recuerdo de la de Matoll, pero en lugar de eso me he encontrado un sabor notablemente diferente. Es bastante compleja, con notas de manzana, cuero, madera y ese punto añejo marca de la casa. El final no es muy seco. Quizás no es de mis cantillon favoritas, pero sí una cerveza curiosa y altamente disfrutable para los amantes del estilo. 5,5%. Nos costó 17€. Botella de 75cl.

13 de octubre de 2020

Cantillon - Fou' Foune

Ha tardado en aparecer por aquí pero por fin aquí está la señorita Fou' Foune, que es sin duda mi cerveza favorita del extenso catálogo de la célebre cervecera belga Cantillon.

Aún recuerdo mis ojos de éxtasis la primera vez que la probé durante el Zwanze Day del año 2016. Hasta entonces no era muy fan de las cervezas Lambic, pero después de probar la Fou' Foune, ay amigos, la cosa cambió radicalmente.

Se trata de un blend de Lambics de 18-20 meses y la adición de albaricoques de la variedad Bergeron a razón de 300g de fruta por litro.

La sirvo en copa de Cantillon y presenta un color albaricoque muy bonito. La carbonatación es vivaz, la espuma poco duradera pero la retención del carbónico es buena. al olfato un aroma espectacular a albaricoques. También podemos percibir las notas de acético en nariz.

En boca es una cerveza de acidez moderada, exquisitamente bien balanceada. La versión de tirador personalmente me agrada más porque es un poco más dulce y con la fruta más presente. La versión en botella es más avinagrada y un pelín más ácida. Podemos disfrutar también de ese punto de cuerazo marca de la casa, el puntito añejo que no falte. En fin, un sinfín de sensaciones en nariz y boca que desatan la locura total. Me encanta esta cerveza, no puedo remediarlo. 6,0%. Comprada a Montse Virgili por 19€ durante el Zwanze Day 2020. Botella de 75cl. Este año no pude disfrutarla de tirador (ni en el Zwanze ni en la mismísima brasserie) pero sí en botella y aquí queda esta reseña para la posteridad.

1 de octubre de 2020

Zwanze Day 2020 Masia Agullons - Sant Joan de Mediona


Este año quizás haya sido la edición más rara del Zwanze Day debido a la pandemia mundial, pero con toda certeza es la que hemos cogido con más ganas. De hecho, personalmente es la que he disfrutado más de todas a las que he asistido. El año pasado no pude ir porque me coincidió con una boda de un familiar, y este año sinceramente ya lo daba todo por perdido en cuanto a festivales y ferias cerveceras se refiere. Así que ya os podéis imaginar el entusiasmo que se respiraba el sábado 26 de septiembre en la Masia Agullons. Muy buen ambiente, gente con ganas de disfrutar y de pasárselo bien -con todas las medidas sanitarias necesarias- y todo esto regado con las célebres cervezas Lambic de la Brasserie Cantillon y -cómo no- también con las birras de Montse y Carlos. A estos últimos quiero agradecerles que otro año más nos hayan abierto las puertas de su casa para celebrar el evento.

Remontémonos unos meses atrás en el tiempo. Durante el confinamiento -cuando la cosa se puso más dura- la verdad es que pensé que este año no se iba a poder celebrar nada. El primero en caer fue el BBF, y así se fueron sucediendo cual fichas de dominó todos los festivales marcados en el calendario. Cuando llegó el verano y se eliminó el estado de alarma ya empecé a mirar las redes sociales por si se veía algún brote verde. Consulté la página de Cantillon varias veces sin éxito y ya me hice a la idea de que me quedaría dos años consecutivos sin Zwanze Day. Sin embargo, el 15 de septiembre el instagram de Ales Agullons anunciaba el evento en su masía de Mediona y (¡oh, sorpresa!) por primera vez en la historia también en Barcelona, Madrid, Zaragoza y Donostia. Eso sí, con cita previa, grupos de máximo 10 personas (luego se redujo a 6) y mascarilla obligatoria. En el caso de Mediona había tres turnos: viernes tarde, sábado mañana o sábado tarde. La entrada como siempre era gratuita. Este año, y de manera excepcional, el evento únicamente ha podido celebrarse en Europa. 

La verdad es que cuando vi el anuncio del Zwanze Day 2020 en la Masia Agullons me dio un subidón bastante gordo, así que no tardamos en rellenar el formulario online para apuntarnos. A mí particularmente me gusta más el ambiente de la mañana -más sosegado- aunque eso implique perderme la cerveza especial que se elabora para ese año. Dada la experiencia vivida en la edición de 2018 -la última a la que asistí- este año teníamos claro que iríamos por la mañana.

Nuestra franja nos limitaba la asistencia de 12:00 a 16:00h, por lo que decidimos ser muy puntuales para disfrutar el máximo de tiempo posible del evento. Fuimos pronto también con la idea de disfrutar de todos los barriles antes de que se acabasen, este año no estaba dispuesto a perderme la Fou' Foune -mi Cantillon favorita- que no pruebo desde la edición de 2017. El resto de asistentes debió pensar lo mismo porque a las 12:00 del mediodía el aparcamiento estaba bastante lleno y ya había gente en la puerta haciendo cola para entrar. Al principio me asusté un poco pero una vez dentro nos relajamos bastante al ver que había espacio y cervezas suficientes para todos. Tanto las mesas de la terraza de la masía como las de fuera del recinto estaban suficientemente espaciadas, y todas al aire libre. Las de la masía no tardaron en llenarse, así que nosotros establecimos nuestro campamento birruno fuera. El tiempo atmosférico fue muy piadoso con nosotros. Si hubiese llovido no se hubiese podido celebrar el evento. El día anterior hizo muchísimo frío y un viento muy fuerte, pero en cambio el sábado por la mañana el cielo estaba totalmente despejado e hizo calor. No sé si alguien fue a llevarle huevos a la Clarisas pero hizo un día perfecto. Fue todo un alivio.

En cuanto a la selección birruna este año ha sido el mejor de todos: 3 grifos de Ales Agullons (para los que no están muy familiarizados con las cervezas Lambic, o simplemente no les apetezcan) y -atención- 11 de Cantillon. Mi idea primigenia era darle a la Fou' Foune y luego al resto, pero visto lo visto preferí probar todas las Cantillon desconocidas para mí -que eran varias- y despedirme por todo lo alto con una copita de Fou' Foune. Bien, al final me quedé sin Fou' Foune porque el barril se acabó, pero salí tan satisfecho que este año ni me supo mal. Los Grifos disponibles de Cantillon eran éstos: Gueuze, Cuvée Saint-Gilloise, Vigneronne, Saint Lamvinus, Kriek, Rosé de Gambrinus, Fou' Foune, Magic Lambic, Camerise, Grand Cru de Bruocsella y Brettrave (la edición especial de este año). Las copas de Cantillon costaban 4€ y las de Agullons 3. La copa del evento (me refiero al recipiente) también costaba 3€. Me fue genial porque este año me cargué sin querer la de 2018 y así pude reponerla. Para comprar cervezas en formato botella también había mucha más variedad que otros años: en total 9 variedades de Cantillon diferentes a precios bastante razonables. Lou Pepe se agotó el viernes y nos la perdimos pero al final al menos pude llevarme a casa una botella de Fou' Foune como premio de consolación, así como otras Cantillon que aún no había catado, como por ejemplo la Brabiantæ. De Agullons tenían disponibles botellas de Dalmoru, Aurora, St Joan i L'Altra.

A las 13:25h Carlos nos dio un sorpresón anunciando que la cerveza especial de 2020 (la Brettrave) se pincharía a las 13:30. Fue un detallazo que fuesen dosificando el barril para que todos los asistentes -independientemente de la franja horaria a la que se hubieran apuntado- tuvieran la oportunidad de poder catar la cerveza especial de este año. ¡Bravo!

En cuanto a la pitanza este año estaba muy bien montado: Una food truck con bocatas y tapas, un puestecico de quesos y un último de pizzas, comida veggie y pasteles. Estuvo muy bien organizado todo y con bastante variedad, y así de paso Montse se evitó el palizón de preparar comidas de ediciones pasadas. Hemos podido disfrutar de su compañía y conversación, y yo creo que ella también lo ha disfrutado muchísimo más relajada. 

Para comenzar el ágape nos pedimos la tostada de queso, que estaba muy rica -aunque se echó de menos el variadito de Kike Ojanguren- y para continuar las patatas bravas y el bocata de pollo cajún, que estaba espectacular, de soltar la lagrimita. Mis colegas se pidieron unas hamburguesas que también tenían una pintaza brutal. De postre nos pedimos un pastel de zanahoria muy rico en el tenderete veggie.


Poco más. Antes de que nos diéramos cuenta ya nos dieron las cuatro y debimos abandonar la masía para dar paso al grupo de la tarde. Desde estas líneas quiero agradecer a la organización por el esfuerzo que han hecho para que esto sucediese pese a la pandemia y las restricciones. Estuvo todo perfecto: aforo, selección, limpieza, distribución de los espacios, ambiente... chapeau. Un abrazo fuerte a Carlos y Montse, era muy importante para el sector que esto se celebrase, lo necesitábamos. Solo espero que para la edición de 2021 toda esta mierda vírica haya acabado definitivamente. ¡Nos vemos el año que viene!

Balance de daños:


-Cantillon - Magic Lambic. Que la primera cerveza que te pides nada más llegar te ponga mirando para Cuenca no tiene precio. Se trata de un blend de un 80% de Lou Pepe Framboise y un 20% de Lambic con arándanos y vainilla. Espectacular. Todo el saborazo de la frambuesa, como si las estuvieras mordiendo, el puntito de la piel de arándano y un colchón suave de vainilla de fondo. Lagrimones. Puntito ácido muy suave, exquisitamente bien balanceada, el acético suave. Bufff, se ha ido directa a mi top personal. Quizás se parecía un poco a la cerveza de la edición de 2016 pero creo que ésta tenía la vainilla mucho más marcada y en definitiva mucho más sabrosa. Lo dicho: TOP. 5,5%.

-Cantillon - Vigneronne. El listón tampoco os creáis que bajó demasiado tras la Magic Lambic. Ésta también estaba para ponerte Pinocho. Se trata de un blend de Lambics de entre 16 y 18 meses con uva Muscat. En aroma muy afrutada, el acético está ahí pero muy suavecito, bastante más suave que el resto de Cantillon. En boca el puntito dulce de la uva te saca los lagrimones, la acidez moderada, cuerazo, el punto añejito y a seguir flipando. 6,5%.

-Cantillon - Brettrave. La cerveza especial del Zwanze 2020. Fue toda una sorpresa porque al acudir por la mañana pensé que no la íbamos a probar. En aroma me olía como a hortalizas, luego vi que llevaba remolacha que es lo que le da ese color. En boca terrosa, ácida, pero sin chirriar. Es una cerveza bastante peculiar. Es la que menos me gustó de la jornada y de todas las añadas de Zwanze que han sacado, pero eso va a gustos. 6,0%.

-Cantillon - Saint Lamvinus. Ésta ya es más fuertecica. Se trata de un blend de Lambics de entre 16 y 18 meses con uva Merlot. Color rojizo subido, en aroma mucho acético, en boca muy avinagrada, intensa, con el saborazo a cuero y el toque de la barrica, y el punto del Merlot que equilibra en cierta medida tanta intensidad. 7,0%.

-Cantillon - Grand Cru de Bruocsella. Lambic de 3 años. Color claro. En aroma bastante acético, intensa. En boca manzanas, sidra, cuerazo, los toques de barrica, acidez moderada y una vez caliente un puntito suave afrutado. Muy compleja y muy rica. 5,0%.

1 de mayo de 2020

Cantillon - Blåbær

El pulso se me aceleró cuando vi que tenían disponible la Blåbær en el bar de la Brasserie Cantillon durante nuestra visita el pasado mes de marzo. Poca broma, es una cerveza muy difícil de conseguir.

La receta original se realizaba en colaboración con el equipo de la tienda de cervezas de Ølbutikken de Copenhague, fundada por Jeppe Jarnit-Bergso (fundador de Evil Twin y hermano de Mikkel Borg de Mikkeller).  Tienda que, por cierto, tuve el gusto de visitar y hacer una buena compra hace 7 años (se me olvidó hacer fotos para la reseña, una gran cagada).

La cosa iba así: Cantillon ponía una cerveza Lambic de dos años y Ølbutikken se encargaba de proporcionar los kilos y kilos de arándanos daneses para añadir a la cerveza. El primer lote se fabricó en 2005, la producción de esta cerveza era muy limitada y únicamente se podía adquirir en la tienda en cuestión. Como os podéis imaginar la cosa no tardó en irse de madre, con colas kilométricas a las puertas de la tienda de Versterbro el día de su venta (normalmente en mayo o junio) y su posterior especulación de precios en el mercado negro birruno.

Al cerrar la citada tienda en 2017 me asaltaron varias dudas, que el bueno de Jean Van Roy me acaba de dilucidar por correo electrónico. Actualmente la cerveza se elabora con arándanos de Polonia, y la Lambic es de dos años al igual que la de la receta original. Actualmente solo la tienen disponible en el bar de la Brasserie Cantillon muy de vez en cuando, así que hemos sido muy afortunados. También hay que añadir que basta solo con echar una miradita a instagram para darnos cuenta de que esto no es así y que hay mucho freaky -a ambos lados del charco- que consiguen varias botellas de esta cerveza y que se jactan de haber pagado un pastizal por ellas. Ese es otro cantar, y desconozco cómo las consiguen y lo que les deben crujir por ellas.

A lo que vamos, la mejor parte, la del bebercio. De color morado, oscurita, parece un vino tinto, salvo por la carbonatación, abundante pero de espuma poco persistente. Al olfato ese aroma salvaje de Cantillon más el añadido de la fruta del bosque. En boca es una delicia, arándano puro. Muy bien balanceada, con el saborazo de la fruta bien presente, aportando el dulzor necesario para equilibrar toda la acidez y carácter de la cerveza de fermentación espontánea. Cuerazo, punto añejo, sin resultar estridente en ningún momento (o eso o es que me estoy acostumbrando demasiado a este tipo de cervezas). El sabor nos aporta también ese punto ácido de la piel del arándano, notas de moras y frutas del bosque. Orgásmica. 5,0%. Costó 12€ la botellita de 37,5cl. Valió la pena, ya lo creo.

29 de abril de 2020

Brasserie Cantillon - Bruselas


Cada vez que me tomaba una cerveza Cantillon me preguntaba cómo debía ser esa Brasserie, con sus telarañas, sus tinas, su bodega repletita de barrilacos y el trajín de sus trabajadores. Yo no sé si podría trabajar allí sin ir entonao todo el día. Qué peligro. El caso es que en el mes de marzo surgió la oportunidad de viajar por primera vez a Bruselas, así que lo primero que hice fue entrar en la web y comprar las entradas para realizar lo que considero una visita obligada en la capital belga. Nos vamos a la Brasserie Cantillon.


Uno es un habitual del Zwanze Day y no voy a negar que aquí hay mucho componente sentimental tras esta visita. Muchas botellas descorchadas, mucha felicidad compartida y muchas ganas de juntarse de nuevo en Mediona en la casa de Montse y Carlos. A todo esto hay que sumarle que Cantillon está considerada como una de las mejores cerveceras del mundo y uno de los referentes de las cervezas Lambic.

La Brasserie Cantillon está ubicada en el barrio de Kuregem en Anderlecht. Hay varias paradas de autobús y tranvía por allí cerca, pero creo que lo más fácil para llegar hasta allí es utilizando las líneas 2 o 6 del metro, que prácticamente te llevan a cualquier punto de Bruselas. En ambas líneas la parada es la de Clemenceau, y de allí a la Brasserie tan solo hay 5 minutos a pie. Es muy fácil llegar. Finalmente llegamos allí a las 14:15 con puntualidad británica tras un fugaz pero placentero ágape en el restaurante La Tana. La verdad es que nos hubiese gustado disfrutar de la comida con muchísima más calma, pero el horario de la visita nos condicionó el resto de planes de la jornada. Para acabarlo de rematar aquel día la lluvia no nos dio tregua y mi acompañante llevaba un pie chorreando. No nos dio tiempo de ir al hotel para que pudiese cambiarse de calzado y estuvo toda la visita muy incómodo. En fin, no os explico más mi vida, a lo que vamos.

Las visitas se realizan de manera guiada o free style. Las visitas guiadas en inglés se ofrecen los lunes, viernes y sábados a las 14:15. No sé quien es la lumbrera que establece los horarios de las visitas en Cantillon, pero desde luego se ha cubierto de gloria. La entrada cuesta 9,50€ (es gratuita para los menores de 14 años) y dura una hora y media aproximadamente. También se puede realizar una visita sin guía que cuesta 7,50€, que se puede efectuar cualquier día (excepto miércoles, domingos y festivos) de 10:00 a 16:00. El tour concluye en el bar de la Brasserie, donde se realiza una cata de dos cervezas que están incluidas en la entrada (tanto en la individual como en la guiada). El resto de las cervezas que te quieras tomar ya corren de tu cuenta. Nuestro grupo era de unas veinte personas aproximadamente y el tour comenzó muy puntual. Al llegar a la Brasserie ya se huele a ese olorcillo avinagrado característico de las cervezas Cantillon que de entrada nos dibuja una sonrisilla en la cara. Hay mucha magia aquí dentro.

La visita comienza en la caldera de maceración, donde el guía comienza explicándonos la historia de la Brasserie, fundada en 1900 por el señor Paul Cantillon. También nos sitúa en cuanto a las características de la cerveza Lambic y sus peculiaridades, así como el tipo de productos que allí se fabrican, para luego continuar ya con el proceso de fabricación de las cervezas Cantillon. Alrededor de la caldera de maceración nos explica el volumen de agua que utilizan, y las proporciones de malta de cebada y trigo sin maltear. Como estáis viendo en las fotografías la maquinaria es bastante antigua, y todavía utilizan unas correas y engranajes de muchísimo antes de Naranjito. La segunda parada es la sala de cocción. Para acceder a ella hay que subir por unas estrechas escalerillas, que me hacen pensar en la cantidad de gente que se habrá hostiao allí bajando taja. Allí también se encuentra la molturadora que tritura los cereales que luego irán a parar a la caldera de maceración, que está justo debajo. El guía nos explica que la adición de lúpulo únicamente debe cumplir con su función de conservante, y que no debe aportar ningún tipo de sabor ni amargor a la cerveza.

Seguimos subiendo hasta la tercera parada, donde se encuentra el desván y el almacén del cereal. Hay que subir de uno en uno por unas escaleras muy estrechas y aún más peligrosas que las anteriores. Me vienen a la mente la música y los negros del ataúd bailando. Una vez en el desván hay que subir por otras escaleras de unos pocos peldaños para poder llegar a la cuarta parada, la tina de enfriamiento. Aquí ya se empieza a notar la magia en el ambiente. Veo las telarañas que describía Steve Huxley en su libro. Lloro. En esta piscina de cobre situado en el desván de la cervecería es donde se enfría el mosto y donde las levaduras salvajes empiezan ya a hacer acto de presencia. Se suelen abrir las ventanas del desván y se abre parte del tejado que cubre la tina durante toda la noche para enfriar el mosto. Una vez frío se pasa a un tanque de acero inoxidable ubicado en el mismo desván -que a la vez sirve de almacén para los sacos de cereal y lúpulo- y finalmente se guarda en las barricas del piso de debajo, que es la quinta parada.

La quinta parada fue la más larga y la más rollete. Se juntaron varios factores. Estábamos cansados (el amigo Yosemait además seguía con el pie chorreando), era la hora de la digestión, y ya llevábamos un buen rato de pie prácticamente a pie quieto, y para rematarlo ya estáis viendo en la foto el espacio. Más de veinte personas en el pasillito que queda entre los toneles. Como me entretuve haciendo fotografías del desván llegué el último y por ende el más alejado del guía, por lo que no me enteré de una mierda del resto de la explicación, que además fue la más larga y donde hubo más preguntas. Así que mi consejo es que si no tenéis mucho entusiasmo en tomar demasiadas instantáneas no os separéis del guía. Allí al menos podemos ver -y sentir- donde están envejeciendo todas esas míticas cervezas que, algunas de ellas, acabarán algún día en el interior del que suscribe. Una vez acaba la cherreta continuamos por el pasillo entre los toneles hasta llegar a un pequeño espacio donde el guía nos explica cómo se realiza la mezcla de Lambics para las Gueuzes y la adición de frutas.

Finalmente concluye el tour y bajamos hasta la planta baja, justo en la entrada de la fábrica. Allí abajo se encuentra la tienda, el bar y -por el largo pasillo que llega hasta la caldera de maceración donde empieza el tour- se encuentra la embotelladora a mano izquierda y las botellas almacenadas a mano derecha. El guía nos acompaña hasta la zona de cata donde concluye el tour y nos explica qué cervezas vamos a tomar: En primer lugar una Lambic joven sin añejar, y en segundo lugar nos dejan elegir entre tres variedades de Lambics ya acabadas: La Gueuze, la Kriek y la Rosé de Gambrinus. Nuestra idea era pedir una Kriek y una Rosé, pero vaya por donde esta última se había acabado. ¡Hay que joderse! El señor que nos atiende a la hora de servirnos tampoco es que sea la alegría de la huerta. Pues nada, a darle a la Gueuze normal que también está muy rica. Aquí ya nos despedimos del resto del grupo y cada uno decide ir a donde le venga en gana. El bar está a reventar de peña, no sé si es que anterior a nosotros había una visita para grupos, porque no hay ninguna mesa libre y muchísima gente de pie esperando. Encima de las mesas se ven hasta seis o siete cestitas con mandanga de la buena. Parece que hay peña que lleva dándole al frasco desde las diez de la mañana. Como no hay donde sentarse vamos a echarle un ojo a la tienda.

La tienda está muy bien y es un lugar a explotar al máximo si has venido a Bruselas con vehículo propio. No os flipéis mucho porque no tienen a la venta todo su repertorio, tan solo sus cervezas más clásicas y alguna joyita muy contada, pero eso sí, mucho más baratas que en el centro de Bruselas y que en España. Las cervezas que tienen a la venta son: la Gueuze, la Kriek, la Grand Cru de Bruocsella, Vigneronne, Saint Lamvinus y Brabantiæ. Para que os hagáis a la idea de los precios la Gueuze de 37,5cl sale a 4,50€ -en España a 11- y la caja de 12 a 44,40€. La Kriek sale a 8€ la botella de 75cl, la Grand Cru a 9,50€, Vignerone a 13, Saint Lamvinus a 14 y por último la Brabantiæ a 22 leiros. Todos estos ultimos precios son de botellas de 75cl. El resto del catálogo se puede degustar en el bar -según disponibilidad- pero en ningún caso se puede sacar de la fábrica. En la tienda también venden camisetas, sudaderas, cestas para Gueuzes y demás merchandising.

Al cabo de un rato, una vez nos hemos acabado de pie las cervezas que incluía la visita, la cosa empieza a estar más despejada y muchos de los visitantes comienzan a emigrar. Encontramos una mesa libre y para allá que nos vamos. Miro en la pizarra y ¡joder! ¡qué ven mis ojos! ¡tienen botellas de Blåbær! La mítica Lambic de arándanos que solo se vendía en Olbuttikken y que la gente hacía colas kilométricas en Copenhague y se daba de hostias para conseguirla. ¡Estamos de suerte amigo! Inevitablemente le hago la pregunta al "simpatico" señor que atiende el bar "-¿puedo comprar alguna botella para llevar?" y me contesta con un "no" tajante que ya estaba esperando desde antes de formular la pregunta. Por 12€ nos damos el capricho de tomárnosla allí. Esta botella en el mercado negro birruno seguro que tiene precio de kriptonita. El señor nos la sirve como aquel que te vende un paquete de Ducados. Pues nada, por fin procedemos a sentarnos y a disfrutar de lo que nos queda de visita y de nuestra botellica de Blåbær. Por si os pica la curiosidad también tenían disponibles para degustar: Gueuze, Lambic, Kriek, Brabantiæ, Fou' Foune, Lambic d'Aunis, Lou Pépé Kriek, Saint Lamvinus, Saint Lamvinus Grand Cru, Magic Lambic, Mamouche, Vigneronne, Carignan, Iris, Bruocsella, Bruocsella Brut, Camerise y Nath.

Al salir tuve una sensación agridulce. Por un lado, muy contento de poder visitar esa mítica cervecería con la que soñaba, sobre todo durante cada Zwanze Day, y de haber disfrutado de grandes cervezas. Por el otro, un poco triste de no haberla podido disfrutar como me hubiese gustado. Estábamos cansados, mojados por la lluvia, con la mochila a cuestas, una hora y media de pie mientras hacíamos la digestión haciendo el esfuerzo de entender el inglés del guía en unas condiciones acústicas no demasiado adecuadas (el sonido de la maquinaria a pleno rendimiento de sonido de fondo tampoco ayudaba), y el último tramo de la visita se nos hizo eterno. No obstante, como experiencia, es una visita que sin duda recomiendo realizar, sobre todo si uno es muy fan de las cervezas Lambic. Es más, me gustaría volver, pero esta segunda vez saltándome la visita para disfrutar únicamente del bar. Pues nada, espero que hayan disfrutado de la lectura y que lessirva de algo si tienen pensado visitar la Brasserie. Procedemos a poner el correspondiente pin en  nuestro Mapa Birruno y a realizar el balance de daños de la jornada.

Balance de daños:

-Cantillon - Lambic. La primera cerveza que te sirven una vez finalizada la visita es la de esta Lambic joven sin mezclar. Prácticamente sin carbonatación, muy dulzona, con sabores de manzana y pera, y sin ese carácter añejo y salvaje de las Lambic envejecidas. Me pareció muy curioso el hecho de realizar esta experiencia gustativa y posteriormente poder compararla con la Gueuze que podemos encontrar en las tiendas.

-Cantillon - Gueuze. La clásica cerveza de la casa (y más fácil de conseguir). Es un lujazo poder disfrutarla en el mismo lugar donde la fabrican. Contraste total con la anterior, mucho más ácida, con más carácter, cuerazo, me he acostumbrado demasiado bien a esta cerveza, ya no me pone la cara como la del Fary. Riquísima. Podéis volver a leer la reseña que escribí en su día pinchando aquí. 5,0%.

-Cantillon - Kriek. He probado varias añadas de esta cerveza y hasta ahora siempre me frustraba el hecho de no encontrarle demasiado protagonismo a las cerezas. La de hoy, al ser más joven , tenía la fruta mucho más intensa y me ha parecido brutal, y la que más me ha gustado. Podéis volver a leer la reseña que escribí en su día pinchando aquí. 5,0%.

-Cantillon - Blåbær. Buuuuuuuffff ¡droga dura! La cerveza que me alegró la tarde. Puro arándano, muy salvaje, acidez bastante balanceada. Muy rica, con notas de piel de arándanos, moras, bayas... ¡espectacular! De ese tipo de cervezas que solo se prueban una vez en la vida. Esta semana publico su ficha individual con más información al respecto. 5,0%


Brasserie Cantillon             Rue Gheude 56, Anderlecht, Bruselas (Bélgica)             www.cantillon.be             info@cantillon.be         +32  02  521 49  28

3 de noviembre de 2018

Zwanze Day 2018 Masia Agullons - Sant Joan de Mediona


Un año más la Brasserie Cantillon nos invitaba a todos los amantes de las cervezas Lambic a la celebración del Zwanze Day durante el último sábado del mes de septiembre. 72 emplazamientos seleccionados alrededor del globo para convertirse en sede de la brasserie belga durante un día y solo uno en toda la Península Ibérica: La Masia Agullons en Sant Joan de Mediona. ¿Nos lo íbamos a perder? Por supuesto que no. Para allá que nos fuimos al que fuera nuestro tercer Zwanze consecutivo. La cerveza especial de este año -la Manneken Pise- es el resultado de la mezcla de tres Lambics maduradas por separado en barriles de vino italiano Amarone, Chianti y Sangiovese. Como siempre se pinchó de manera simultánea en todo el planeta a las 21:00 hora de Bruselas.

Como somos unos asiduos al Zwanze, y ya lo hemos vivido tanto por la mañana como por la noche, decidimos acudir por la tarde, para quedarnos a cenar, probar la cerveza especial de este año y volver temprano a casa en condiciones óptimas para coger el coche.

Llegamos allí a las 18:00 en punto y antes de poner un pie en el suelo ya nos encontramos con cambios respecto a ediciones anteriores. El primero fue encontrarnos con una valla de obra que nos impedía continuar con el coche por el camino hasta la explanada donde solíamos aparcar en ediciones anteriores, así que lo dejamos aparcado en medio de un campo segado con el resto de coches que había por allí. Al bajarnos pudimos ver a -no uno ni dos, bastantes más- asistentes bajando con varias cajas de botellas y cargándolas en los maleteros de sus coches. Nosotros nos compramos dos botellas para compartir. No me paso el día bebiendo Lambics la verdad. Me dio la impresión de que hay gente que bebe Cantillon como el vino a diario. Prefiero pensar que esas cajas no iban a servir para especular y sacarse una buena pasta a costa de la generosidad de Carlos, Montse y la familia Van Roy, me daría muchísima pena. La botella de 75cl de Iris, que a mí aquí me costó 11€ en una edición anterior la vi el fin de semana pasado a 35€. Con esto no quiero decir que ese establecimiento en concreto se la haya comprado a Carlos directamente, más que nada escribo esto para que quede patente el sobrecoste que sufren estas botellas en el mercado ordinario.

Antes de cruzar la puerta de la masía pudimos apreciar que habían colocado mesas y sillas en el exterior de ésta, y ya se notaba una afluencia de gente mayor que en anteriores ediciones. Al entrar dentro se confirmó este hecho, prácticamente no había sitio donde sentarse. Este año se había colocado la venta de fichas en la entrada de la masía, luego descubrimos el porqué. Como novedad de esta edición vendían una copa por dos fichas -cada ficha costaba un euro- con el logo de Agullons y de Cantillon, muy chula. Esto ya nos daba a entender que este año se preveía una afluencia mucho mayor que en ediciones anteriores, donde una vez te acababas la cerveza la dejabas en la barra y la organización se encargaba de meterla en el lavavajillas. Como punto positivo la copa te la podías llevar a casa, ya que la habías pagado. La verdad es que personalmente me dio bastante bajón ver a tanta gente allí, el Zwanze es uno de mis eventos cerveceros preferidos precisamente por la tranquilidad con la que se pueden disfrutar las cervezas, pero en fin, igual que yo, todo el mundo tiene el mismo derecho a disfrutar de estas cervezas.

Otra de las novedades fue que habían colocado una barra en el patio de la masía, para pinchar los barriles de Cantillon, dejando la barra del interior de la casa para pinchar solo los barriles de Agullons. Esto estuvo bien pensado, ya que si se hubiese hecho como en años anteriores aquello se hubiese colapsado y hubiese sido muy difícil entrar y salir de la masía para pedir las cervezas o comprar comida. Por contra, restaba espacio para colocar más sillas y mesas. No sin ansia fuimos a pedir nuestra dosis anual de Fou' Foune y de Rosé de Gambrinus. La primera en la frente. Hace rato que se habían agotado. WTF! Ahí ya sí que me vine abajo. Llevaba todo el año esperando para chutarme mi amada Fou' Foune y sus deliciosos albaricoques en vena. ¡Menuda putada! En fin, el mismo derecho tenían a disfrutarla los que vinieron por la mañana que yo, así que para el Zwanze 2019 ya tengo la lección aprendida. Los barriles de Cantillon que quedaban eran de Nath, Kriek, Iris y la clásica Gueuze. Todo el restó voló, y eso que eran las 18:00 de la tarde.

Resignados nos pedimos una Nath con ruibarbo y estuvimos charlando con Carlos, al que le compramos una botella de Gueuze y otra de su Barrica Blend 3. Cuando fuimos a guardar las botellas al coche vimos en lontananza una horda que avanzaba a paso ligero entre los campos. Parecía la invasión de los hunos. Se trataba de un numeroso grupo de beergeeks que había venido desde Barcelona en autocar en un viaje organizado por una cervecera de la ciudad. Al instante se formó una cola impresionante a la entrada de la masía. Si ya se notaba la alta afluencia de gente, con las 56 personas del autocar aquello se puso a petar. Muchísima gente y la música del disc jockey muy alta. A mí personalmente me costaba hablar con la persona que tenía a mi lado. Esto me hizo sentir incómodo, unido a mi mono de Fou' Foune y Rosé de Gambrinus, durante un buen rato estuve de bajón total. Éste no era el Zwanze soñado que llevaba esperando durante todo el año.

Al rato la cosa se animó con la música en directo. Había un grupo (Revolta Kònica) que amenizó la velada con versiones en acústico de Barricada, La Polla Records, Soziedad Alkoholika y punkadas del estilo. Ahí -sumado al efecto de las Lambic- ya se me empezó a animar el espíritu. Empezamos a ver caras conocidas del mundillo birruno -algunas reincidentes en el evento- y el ambiente estuvo bastante animado. Se acercaban las 21:00 y llegaba la hora de tener algo en el estómago antes de que pinchasen la Manneken Pise, así que nos fuimos a ver a Montse.


Este año para llenar la panza había pinchitos, las clásicas albóndigas de caballo de la casa, fideos con verduras y setas salteadas, callos, jamón y para el público vegano habían tenido el detalle de preparar seitán y tofu con verduras. También vi entre la multitud varios platos con un surtidito de quesos bastante apetecible que sinceramente no tengo ni idea de donde los sacaron. De postre nos pedimos el pastel de chocolate con peras que hace Montse -que es una brutalidad- y también un trozo de pastel de queso muy rico.

Se hizo de noche y sobre las 20:45 ya empezamos a colocarnos cerca de la barra para estar allí de los primeros a la hora señalada. La cola que se formó a los pocos minutos fue colosal. A las 21:00 se pinchó puntualmente el barril de Manneken Pise. Estaba brutal. En este caso valió la pena el habernos quedado sin Fou' Foune, porque se nos compensó por otro lado, la cerveza estaba deliciosa. Desconozco si finalmente todo el mundo pudo probar al menos una copita, realmente la cola daba miedo. Musiquita, muy buen ambiente y la verdad es que finalmente me lo pasé bastante bien pese a que las multitudes cada vez son menos de mi agrado. Me vuelvo mayor, qué queréis que os diga. Como dentro ya era imposible sentarse nos pedimos la última -en esta ocasión de Agullons- y nos salimos fuera para tomar el fresco y airearnos un poco antes de volver a casa.

A nuestro regreso quedé con un sentimiento agridulce. Por un lado me alegré del éxito del evento y de que cada vez haya más fans y aceptación de la cerveza Lambic. Por otro lado me quedé con la impresión de que este año ha sido un punto de inflexión y que tal vez en un futuro el evento acabe muriendo de éxito. Si de cara al Zwanze 2019 en vez de un autocar se fletan dos, no quiero ni imaginarme cómo puede acabar aquello. Quizás sería el momento de plantearse buscar una sede en Barcelona para el Zwanze y descongestionar Mediona. La verdad es que finalmente pude disfrutar de la jornada y prefiero quedarme con lo positivo que nos dio la tarde, pero de cara a años venideros yo me planteo ir por la mañana a primera hora ¡tendréis que esperar al año que viene para leer la correspondiente reseña! Antes de acabar me gustaría darle las gracias a Carlos y Montse por abrirnos las puertas de su casa una vez más y también a todo el equipo de la Masía Agullons por haber contribuido a que esto haya sido posible. ¡Un fuerte abrazo a todos!

Balance de daños:

-Cantillon - Nath. La Lambic de la casa elaborada con ruibarbo. Cuerazo, establo y muy, muy seca al final. Ojos como El Fary pero lagrimones de placer.5,0%.

-Cantillon Kriek. Viene siendo un clasicazo del Zwanze medionil. Con su bonito color rojizo y su acidez característica. Las cerezas me siguen costando encontrarlas, pero haberlas haylas. No tardó en agotarse. 5,0%.

-Cantillon - Manneken Pise. Sortosamente estaba espectacular y valió la pena el viaje. De entrada, muy parecida a la Gueuze convencional, pero a medida que se iba calentando afloraban los sabores de los vinos italianos y las notas afrutadas. De soltar la lagrimita.

-Agullons - Dalmoru. Antes de irnos nos picó la curiosidad y quisimos probar algo de los anfitriones. Se trata de una cerveza de trigo bastante especial. Muy turbia, con el saborazo del trigo y un sabor peculiar. 4,5%.